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Ven a mi casa

 

 

Por cada pasillo, por cada rincón tu presencia dejanos sentir del amanecer hasta el anochecer tu presencia dejanos vivir .Y hoy desde mi hogar, hare un altar para adorar, tu majestad. Hoy mi familia he decidido entregar a tu voluntad por eso ven, ven a mi casa ven y vive entre nosotros buen pastor dejanos verte, y edifica nuestras vidas con tu amor, edifica nuestra casa mi señor. No daremos pasos sin tu dirección, guardaremos nuestro corazón, no daremos pasos sin tu dirección guardaremos nuestro corazón y hoy desde mi hogar, hare un altar para adorar, tu majestad. Hoy mi familia he decidido entregar a tu voluntad por eso ven, ven a mi casa ven y vive entre nosotros buen pastor dejanos verte y edifica nuestras vidas con tu amor, edifica nuestra casa mi Señor. Por eso ven, ven a mi casa, ven y vive entre nosotros buen pastor dejanos verte y edifica nuestras vidas con tu amor edifica nuestra casa mi señor

08Jun/15

La Palabra de Dios en la Familia

Discurso del Presidente del Dicasterio Mons. Vincenzo Paglia, en el encuentro de la Federación Bíblica Católica con las Sociedades Bíblicas, Martes 8 de octubre de 2013

«Si pensamos en la familia de Nazaret, está claro lo que era importante para Jesús, su relación con las Sagradas Escrituras a través de los padres. María y José oraban juntos, recitando los salmos y las oraciones, y el niño Jesús las aprendía. Vivía, por lo tanto, el ritmo semanal en la sinagoga, donde escuchaba y meditaba la Palabra de Dios, y juntos rezaban en familia». Ha hablado así Mons. Vincenzo Paglia, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, en el encuentro en el Vaticano de la Federación Bíblica Católica con la Sociedades Bíblicas, sobre el tema: “La Biblia en la familia”. Ayer, martes 8 de octubre del 2013.
«Leer la Palabra de Dios en familia significa educarse a la escucha sincera y descubrir la dimensión propia de la Palabra que es el Silencio eterno del Padre, donde el Hijo ha sido engendrado», ha dicho Mons Paglia. «Desde siempre, en la historia cristiana, la lectura de la Biblia en la familia ha sido uno de los pilares de la vida pastoral». El padre de la Iglesia Juan Crisóstomo de Antioquia afirmaba, ya en el siglo IV d.C.:«Esta es la plaga de nuestro tiempo: creer que la lectura del Evangelio está reservada solo a los religiosos y a los monjes”».
«El Evangelio nos presenta a Jesus en el templo escuchando y explicando las Escrituras. Jesús reza a menudo con los salmos; también sus últimas palabras sobre la cruz, recuerdan la antigua oración de Israel». «Jesús murió y resucitó según las Escrituras». Po lo tanto, la relación directa y constante de los creyentes con la Biblia es “indispensable”. Desafortunadamente, «a veces parece que la palabra de Dios no es el alma de la vida espiritual de los cristianos contemporáneos, como lo fue en toda la tradición de la Iglesia». La familia está llamada, pues, a convertirse «en uno de los lugares privilegiados» para el dialogo con Dios a través de las Escrituras. «Todo cristiano – o al menos todas las familias- deberían tener su propia Biblia, para leer todos los días y llevarla consigo también en vacaciones o de viaje. Pero no debe faltar una pequeña Biblia personal en la “maleta” de todo creyente», afirma el Presidente, que recordó como el Sínodo de los Obispos de la Iglesia Católica sobre la Nueva Evangelización, en el 2011, dedicó particular atención a la relación entre Sagradas Escrituras, el matrimonio y la familia cristiana. En la Exhortación Apostólica post-sinodal “Verbum Domini”, Benedicto XVI escribe: «Con el anuncio de la Palabra de Dios, la Iglesia revela a la familia cristiana su verdadera identidad, lo que es y debe ser según el plan de Dios. Por lo tanto, nunca debemos perder de vista que la Palabra de Dios es el origen del matrimonio (Gen 2,24) y que Jesús mismo ha querido incluir el matrimonio entre la institución de su reino (Mt 19,4-8), elevándolo a sacramento, inscrito en la naturaleza humana». Benedicto XVI ha puesto el acento pastoral sobre «la responsabilidad de los padres para con sus hijos. Pertenece, por eso, la auténtica paternidad y maternidad, la comunicación y el testimonio del sentido de la vida en Cristo: a través de la fidelidad y la unidad de la vida de la familia, los esposos delante de sus hijos son los primeros comunicadores de la Palabra de Dios».
El anuncio privilegiado de la Palabra de Dios viene de la Eucaristía, que «une la mesa de la Palabra a la mesa del Pan», recuerda Mons. Paglia. El criterio para ponerse a la escucha de la Palabra es el amor. «Dios es amor: cuanto más amamos, mas nos convertimos a Él».
08Jun/15

El matrimonio, “motor de la familia”

La entrevista a monseñor Vincenzo Paglia en las páginas de “Ad Gentes”, la revista de la Obra misionera episcopal de Méjico
“La familia no está solamente para amarse a sí misma, sino que sobretodo está para dar testimonio del amor al mundo que se encuentra fuera de la familia. La familia cristiana, citando una frase de Pablo VI dedicada a la Iglesia, ‘o es misionera o no lo es”. Estas eran las palabras de monseñor Vincenzo Paglia, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, en una entrevista concedida a la revista “Ad Gentes”, de la Pontificia Opera misionaria episcopal de Méjico.

“Yo creo que la Iglesia católica posee un tesoro, este tesoro es la revelación de Dios, el tesoro de la belleza, de lo extraordinario de la familia – padre, madre, hijos y generaciones precedentes. Tanto es así, -prosigue monseñor Paglia – que este tesoro ha llegado a ser un sacramento: el sacramento del matrimonio, sobre el que se funda la familia”. En este sentido la familia debe “redescubrir que el matrimonio no se trata solamente de la celebración con la que se comienza, no es una bonita ceremonia de la que se conservan las fotos y que de vez en cuando, con un poco de nostalgia, se echa un vistazo al álbum de fotos de la boda. El sacramento del matrimonio, si se me permite emplear una imagen automovilística, diría que es como el motor de la familia. Y el motor debe funcionar todos los días, sin el motor el coche no funciona. Así es, la fuerza del matrimonio debe de ser la fuente de inspiración, la fuente de energía a la cual se acude cada día para que los cónyuges y los hijos de estos, y también los diferentes vínculos que la familia crea en su vida cotidiana, estén realmente inspirados del amor de Dios y la familia redescubra una vocación amplia, misionera”.
“Iglesia Católica y familia – concluye el presidente del dicasterio – están doblemente unidos, es por ello que se entiende que la transmisión de la fe conduzca a una alianza estratégica e indispensable entre la comunidad y la familia: podríamos decir que no se da la una sin la otra, y la fe – que también es un don de Dios – nos es transmitida a través de la responsabilidad de la familia en la que se nace”.
08Jun/15

El Matrimonio: una vocación de dos

La entrevista hecha al matrimonio D’Alessandro, iniciadores del curso para novios “El y Ella: Caminar Juntos”
«Ayudar a los jóvenes a “discernir si están llamados a vivir la vocación matrimonial con el ‘Si para siempre’ sellado en el sacramento del matrimonio” ». Para Franco y Lidia D’Alessandro éste es el principal objetivo de “El y Ella: Caminar Juntos”, el curso creado por ellos dos para que los novios tomen conciencia, plena y responsablemente, del amor hacia el otro. Los dos cónyuges nos hablaron en el transcurso de una entrevista, sembrada de vivencias concretas , en las que se pueden apreciar numerosos aspectos que muy a menudo se dan por descontado y que resultan realmente interesantes. Estas vivencias nos hablan de las dificultades que tienen hoy en día los jóvenes para unirse de forma madura y veraz, con la persona del sexo opuesto que creen amar: “ a partir de los encuentros con tantas parejas de novios – nos cuentan los iniciadores del proyecto –nos damos cuenta de que para ellos las condiciones más difíciles de aceptar son el “para siempre” y el tener que abandonar el Yo, dicho de otro modo, pasar del individualismo al nosotros compartiendo , en reciprocidad. Muchos no saben lo que es el amor: confunden el enamoramiento, la pasión con el Amor que se hace don, y la sexualidad con el hecho de poder engendrar. El individualismo y el egoísmo – continua el matrimonio D’Allessandro – no dejan espacio al otro/a, hacen que uno sea incapaz de contribuir a la edificación de la pareja; se pretende que el otro/a adhiera a las propias fantasías sin dar la posibilidad de reflexionar y de aportar la propia creatividad a la pareja; finalmente resulta evidente que no existe un proyecto común de crecimiento como pareja ni tampoco el deseo de caminar el uno junto al otro”.

08Jun/15

Enseñar la Belleza

Don Renzo Bonetti de “Famiglia Dono Grande”: “Sin la familia no se entiende la Iglesia”
“A menudo culpamos al ‘mundo’, pero rara vez nos preguntamos si nosotros como Iglesia hemos sido capaces de enseñar la belleza de la realidad de la pareja y de la sexualidad.” Estas eran las palabras de Don Renzo Bonetti, presidente de la Fundación “Famiglia dono grande”, consultor del Pontificio Consejo para la Familia.

Según las estadísticas, desde 1963 hemos perdido cerca de 6.000 matrimonios religiosos al año, y si seguimos así dentro de unos 15 años ya no habrá más matrimonios religiosos. Sin embargo, declaró don Bonetti en una entrevista con “La Bussola quotidiana”, “los obispos italianos, en un documento de 1975, propusieron una revisión a fondo de los cursos de preparación para el matrimonio y elogiaban el sacramento como una fuente de belleza, de santificación, de compromiso pastoral. Si en esa época ya se planteaba el tema como un desafío, debemos señalar desgraciadamente, que hoy, 40 años más tarde, aún, se siguen proponiendo más o menos los mismos cursos. Tal vez no hemos sido capaces de ahondar lo suficiente aquellas intuiciones. Tal vez porque estamos demasiado ocupados con otras cosas. Pero, al hacerlo, no hemos sido capaces de dar prioridad a la familia, y ahora que se nos priva de ella nos damos cuenta que no podemos permitirlo, porque la Iglesia no se puede entender sin la familia”, dijo Don Bonetti, uno de los firmantes del “Commitment to marriage”, la carta que algunas personalidades de varias naciones firmaron, dirigiéndose a los padres sinodales antes del Sínodo del pasado mes de octubre.
“De los nueve puntos que figuran en aquella carta – recuerda – creo que es vital para el futuro lo relacionado con la formación de los sacerdotes, no sólo en referencia a las homilías, sino en la forma de acompañar a los esposos. Necesitamos sacerdotes que hagan de guía espiritual para los esposos, que preparen a los novios acompañándoles hasta el sacramento. Necesitamos sacerdotes que sepan que su sacramento no es un sacramento ‘solitario’ para la Iglesia y para el mundo, al contrario es un sacramento que debe ser vivido en comunión con otro sacramento, el del matrimonio”.
04Jun/15

El Discipulado de Jesús

Objetivos:

Al desarrollar este tema nos gustaría concretarlo en los siguientes objetivos:

  • Ser conscientes a que nos comprometemos
  • Dar importancia a nuestro matrimonio con lo que realmente importa
  • Dejar un hueco a nuestro matrimonio a Jesús
  • Ver la importancia de sentirse insertados en la vida de la Iglesia
  1. El Compromiso

Al casarnos nos comprometemos con el otro. Nos une a esa persona un compromiso de cariño, cuidado y respeto mutuo. También de perdón, de compasión, de tolerancia y de empatía, de ser capaz de ponernos en sus zapatos (y no ver sólo la realidad con mis gafas: es que yo no siempre tengo la razón). Pasamos de ser dos personas individuales a ser una “unidad de dos”.

Nos comprometemos a ser fieles el uno con el otro, ya que se trata de un amor total  a la otra persona , generosa y a todos los niveles.

Nos comprometemos a respetarnos, es decir a aceptarnos y a querer a la otra persona como es, con sus cosas buenas y no tan buenas, sin pretender hacerla a semejanza nuestra. Esto implica complementarse, amarse y respetarse el uno al otro en la convivencia diaria.

Nos comprometemos a ser personas al estilo de Jesús buscando la manera de mantener la fe viva, de hacer que se el pilar de nuestra vida a nivel personal, de pareja y de familia.

Nos comprometemos a acoger el nacimiento de los hijos, a cuidarlos y educarlos poniendo toda nuestra capacidad para hacerlo lo mejor posible. A transmitirles la fe, vivida en familia y a que crezcan con unos valores y una vivencia del amor de Dios cercana y cariñosa.

  1. ¿Qué medios hay que poner para vivir esos compromisos?

 No vale solo con comprometernos con el otro de palabra, tenemos que buscar medios y formas para poder vivir nuestro amor. Al casarnos somos tesminonio de Amor, tenemos y debemos ocuparnos y cuidar del otro.

Para vivir esos compromisos que hemos adquirido debemos querer a la otra persona en el día a día, cuidarla sin avasallarla, respetarla en su libertad, dedicar tiempo a la otra persona.

A lo largo de nuestro  matrimonio evidentemente se presentarán dificultades pero ahí es donde el amor tiene que prevalecer. El amor al que nos comprometemos tiene que ayudarnos a superar las dificultades que se nos presentarán.

Para eso tenemos que poner medios:

  • Respetándonos, se trata de la primera exigencia del amor. Hay que querer a la otra persona por como es, no tenemos que querer cambiarla. La tenemos que respetarla.
  • Dialogando y comunicándonos tiene que estar presente en nuestras vidas.  Tenemos que intercambiar ideas y aunque no siempre serán las mismas que las nuestras con el dialogo y la comunicación tenemos que hacer que se superen esas diferencias.
  • Perdonarnos, Saber ser comprensivos con la otra persona y saber pedir y aceptar el Perdón de la otra persona. No ser reconrosos y saber que nos podemos equivocar
  • Cuidándonos el Amor, cuidar los pequeños detalles. El luchar todos los días por la otra persona
  • Dedicándonos tiempo el uno al otro: como bien se dice el “amor es como una planta que hay que regarlo todos los días”
  • Orando, participando juntos en la Eucaristía, porque Jesús sostiene nuestro amor, la oración nos une a Él y entre nosotros y la Eucaristía es el sacramento del amor que nos capacita para amar.
  • Jesús, como modelo a seguir. Que nuestra familia este orientada por Jesús, fijándonos en sus valores y en su forma de vivir la vida. No solo vale a cumplir impersonalmente los preceptos.
  • Dar gracias por lo bueno de nuestro matrimonio.

El amor verdadero supone precisamente poner estos medios y que el amor este por encima de las cosas de la vida.

  1. Sentirse insertados en la vida de la Iglesia

La vida en compañía de Dios es más bonita. Para ello es necesario

  • Tener Fe. La fe es un gran tesoro que a muchos se nos ofrece, pero que no todos cultivamos.
  • La escucha de la Palabra y la importancia de la oración. Para nosotros como cristianos tendría que tener un papel relevante. Lo mismo que hacemos otras cosas en pareja es bueno ver que el orar también nos ayuda en nuestro amor
  • La Eucaristía. Importante el encuentro con el Señor en la Eucaristía, en ella el amor se verá fortalecido. Una forma de ver nuestro matrimonio insertado dentro de una comunidad
  • El Perdón y la Peniténcia. El perdón es la renovación y sanación del amor que ha sido herido. Las dificultades que sin lugar a duda se nos presentarán en el matrimonio tienen que ser sanadas y que mejor forma que el sacramento de la Reconciliación
  • La participación como matrimonio en el desarrollo de la sociedad. Jesús vivió para los demás, no es bueno que nos centremos sólo en nosotros, es bueno que seamos participes de la sociedad que nos ha tocado vivir
  • Estilo de vida a semejanza de Jesús. Hay que conseguir un estilo de vida que no es fácil y que  tiene sus dificultades pero que nos ayuda. Seguir a Jesús no debe de ser fácil pero tiene que ser apasionante. Se trata de un proceso de maduración que abarque nuestras vidas.
02Jun/15

Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, nn 57-62

Matrimonio y Eucaristía

57. El deber de santificación de la familia cristiana tiene su primera raíz en el bautismo y su expresión máxima en la Eucaristía, a la que está íntimamente unido el matrimonio cristiano. El Concilio Vaticano II ha querido poner de relieve la especial relación existente entre la Eucaristía y el matrimonio, pidiendo que habitualmente éste se celebre «dentro de la Misa»[144]. Volver a encontrar y profundizar tal relación es del todo necesario, si se quiere comprender y vivir con mayor intensidad la gracia y las responsabilidades del matrimonio y de la familia cristiana.

La Eucaristía es la fuente misma del matrimonio cristiano. En efecto, el sacrificio eucarístico representa la alianza de amor de Cristo con la Iglesia, en cuanto sellada con la sangre de la cruz[145]. Y en este sacrificio de la Nueva y Eterna Alianza los cónyuges cristianos encuentran la raíz de la que brota, que configura interiormente y vivifica desde dentro, su alianza conyugal. En cuanto representación del sacrificio de amor de Cristo por su Iglesia, la Eucaristía es manantial de caridad. Y en el don eucarístico de la caridad la familia cristiana halla el fundamento y el alma de su «comunión» y de su «misión», ya que el Pan eucarístico hace de los diversos miembros de la comunidad familiar un único cuerpo, revelación y participación de la más amplia unidad de la Iglesia; además, la participación en el Cuerpo «entregado» y en la Sangre «derramada» de Cristo se hace fuente inagotable del dinamismo misionero y apostólico de la familia cristiana.

El sacramento de la conversión y reconciliación

58. Parte esencial y permanente del cometido de santificación de la familia cristiana es la acogida de la llamada evangélica a la conversión, dirigida a todos los cristianos que no siempre permanecen fieles a la «novedad» del bautismo que los ha hecho «santos». Tampoco la familia es siempre coherente con la ley de la gracia y de la santidad bautismal, proclamada nuevamente en el sacramento del matrimonio.

El arrepentimiento y perdón mutuo dentro de la familia cristiana que tanta parte tienen en la vida cotidiana, hallan su momento sacramental específico en la Penitencia cristiana. Respecto de los cónyuges cristianos, así escribía Pablo VI en la encíclicaHumanae vitae: «Y si el pecado les sorprendiese todavía, no se desanimen, sino que recurran con humilde perseverancia a la misericordia de Dios, que se concede en el Sacramento de la Penitencia»[146].

La celebración de este sacramento adquiere un significado particular para la vida familiar. En efecto, mientras mediante la fe descubren cómo el pecado contradice no sólo la alianza con Dios, sino también la alianza de los cónyuges y la comunión de la familia, los esposos y todos los miembros de la familia son alentados al encuentro con Dios «rico en misericordia»[147], el cual, infundiendo su amor más fuerte que el pecado[148], reconstruye y perfecciona la alianza conyugal y la comunión familiar.

La plegaria familiar

59. La Iglesia ora por la familia cristiana y la educa para que viva en generosa coherencia con el don y el cometido sacerdotal recibidos de Cristo Sumo Sacerdote. En realidad, el sacerdocio bautismal de los fieles, vivido en el matrimonio-sacramento, constituye para los cónyuges y para la familia el fundamento de una vocación y de una misión sacerdotal, mediante la cual su misma existencia cotidiana se transforma en «sacrificio espiritual aceptable a Dios por Jesucristo»[149]. Esto sucede no sólo con la celebración de la Eucaristía y de los otros sacramentos o con la ofrenda de sí mismos para gloria de Dios, sino también con la vida de oración, con el diálogo suplicante dirigido al Padre por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo.

La plegaria familiar tiene características propias. Es una oración hecha en común, marido y mujer juntos, padres e hijos juntos. La comunión en la plegaria es a la vez fruto y exigencia de esa comunión que deriva de los sacramentos del bautismo y del matrimonio. A los miembros de la familia cristiana pueden aplicarse de modo particular las palabras con las cuales el Señor Jesús promete su presencia: «Os digo en verdad que si dos de vosotros conviniereis sobre la tierra en pedir cualquier cosa, os lo otorgará mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»[150].

Esta plegaria tiene como contenido original la misma vida de familia que en las diversas circunstancias es interpretada como vocación de Dios y es actuada como respuesta filial a su llamada: alegrías y dolores, esperanzas y tristezas, nacimientos y cumpleaños, aniversarios de la boda de los padres, partidas, alejamientos y regresos, elecciones importantes y decisivas, muerte de personas queridas, etc., señalan la intervención del amor de Dios en la historia de la familia, como deben también señalar el momento favorable de acción de gracias, de imploración, de abandono confiado de la familia al Padre común que está en los cielos. Además, la dignidad y responsabilidades de la familia cristiana en cuanto Iglesia doméstica solamente pueden ser vividas con la ayuda incesante de Dios, que será concedida sin falta a cuantos la pidan con humildad y confianza en la oración.

Maestros de oración

60. En virtud de su dignidad y misión, los padres cristianos tienen el deber específico de educar a sus hijos en la plegaria, de introducirlos progresivamente al descubrimiento del misterio de Dios y del coloquio personal con Él: «Sobre todo en la familia cristiana, enriquecida con la gracia y los deberes del sacramento del matrimonio, importa que los hijos aprendan desde los primeros años a conocer y a adorar a Dios y a amar al prójimo según la fe recibida en el bautismo»[151].

Elemento fundamental e insustituible de la educación a la oración es el ejemplo concreto, el testimonio vivo de los padres; sólo orando junto con sus hijos, el padre y la madre, mientras ejercen su propio sacerdocio real, calan profundamente en el corazón de sus hijos, dejando huellas que los posteriores acontecimientos de la vida no lograrán borrar. Escuchemos de nuevo la llamada que Pablo VI ha dirigido a las madres y a los padres: «Madres, ¿enseñáis a vuestros niños las oraciones del cristiano? ¿Preparáis, de acuerdo con los sacerdotes, a vuestros hijos para los sacramentos de la primera edad: confesión, comunión, confirmación? ¿Los acostumbráis, si están enfermos, a pensar en Cristo que sufre? ¿A invocar la ayuda de la Virgen y de los santos? ¿Rezáis el rosario en familia? Y vosotros, padres, ¿sabéis rezar con vuestros hijos, con toda la comunidad doméstica, al menos alguna vez? Vuestro ejemplo, en la rectitud del pensamiento y de la acción, apoyado por alguna oración común vale una lección de vida, vale un acto de culto de un mérito singular; lleváis de este modo la paz al interior de los muros domésticos: “Pax huic domui”. Recordad: así edificáis la Iglesia»[152].

Plegaria litúrgica y privada

61. Hay una relación profunda y vital entre la oración de la Iglesia y la de cada uno de los fieles, como ha confirmado claramente el Concilio Vaticano II[153]. Una finalidad importante de la plegaria de la Iglesia doméstica es la de constituir para los hijos la introducción natural a la oración litúrgica propia de toda la Iglesia, en el sentido de preparar a ella y de extenderla al ámbito de la vida personal, familiar y social. De aquí deriva la necesidad de una progresiva participación de todos los miembros de la familia cristiana en la Eucaristía, sobre todo los domingos y días festivos, y en los otros sacramentos, de modo particular en los de la iniciación cristiana de los hijos. Las directrices conciliares han abierto una nueva posibilidad a la familia cristiana, que ha sido colocada entre los grupos a los que se recomienda la celebración comunitaria del Oficio divino[154]. Pondrán asimismo cuidado las familias cristianas en celebrar, incluso en casa y de manera adecuada a sus miembros, los tiempos y festividades del año litúrgico.

Para preparar y prolongar en casa el culto celebrado en la iglesia, la familia cristiana recurre a la oración privada, que presenta gran variedad de formas. Esta variedad, mientras testimonia la riqueza extraordinaria con la que el Espíritu anima la plegaria cristiana, se adapta a las diversas exigencias y situaciones de vida de quien recurre al Señor. Además de las oraciones de la mañana y de la noche, hay que recomendar explícitamente —siguiendo también las indicaciones de los Padres Sinodales— la lectura y meditación de la Palabra de Dios, la preparación a los sacramentos, la devoción y consagración al Corazón de Jesús, las varias formas de culto a la Virgen Santísima, la bendición de la mesa, las expresiones de la religiosidad popular.

Dentro del respeto debido a la libertad de los hijos de Dios, la Iglesia ha propuesto y continúa proponiendo a los fieles algunas prácticas de piedad en las que pone una particular solicitud e insistencia. Entre éstas es de recordar el rezo del rosario: «Y ahora, en continuidad de intención con nuestros Predecesores, queremos recomendar vivamente el rezo del santo Rosario en familia … no cabe duda de que el Rosario a la Santísima Virgen debe ser considerado como una de las más excelentes y eficaces oraciones comunes que la familia cristiana está invitada a rezar. Nos queremos pensar y deseamos vivamente que cuando un encuentro familiar se convierta en tiempo de oración, el Rosario sea su expresión frecuente y preferida»[155]. Así la auténtica devoción mariana, que se expresa en la unión sincera y en el generoso seguimiento de las actitudes espirituales de la Virgen Santísima, constituye un medio privilegiado para alimentar la comunión de amor de la familia y para desarrollar la espiritualidad conyugal y familiar. Ella, la Madre de Cristo y de la Iglesia, es en efecto y de manera especial la Madre de las familias cristianas, de las Iglesias domésticas.

Plegaria y vida

62. No hay que olvidar nunca que la oración es parte constitutiva y esencial de la vida cristiana considerada en su integridad y profundidad. Más aún, pertenece a nuestra misma «humanidad» y es «la primera expresión de la verdad interior del hombre, la primera condición de la auténtica libertad del espíritu»[156].

Por ello la plegaria no es una evasión que desvía del compromiso cotidiano, sino que constituye el empuje más fuerte para que la familia cristiana asuma y ponga en práctica plenamente sus responsabilidades como célula primera y fundamental de la sociedad humana. En ese sentido, la efectiva participación en la vida y misión de la Iglesia en el mundo es proporcional a la fidelidad e intensidad de la oración con la que la familia cristiana se una a la Vid fecunda, que es Cristo[157].

De la unión vital con Cristo, alimentada por la liturgia, de la ofrenda de sí mismo y de la oración deriva también la fecundidad de la familia cristiana en su servicio específico de promoción humana, que no puede menos de llevar a la transformación del mundo[158].

20May/15

El verdadero amor

Un anciano vino a mi clínica para curarse una herida en la mano. Tenía mucha prisa, por lo que le pregunté a dónde tenía que ir tan corriendo.

Me respondió que iba a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer, quien residía allí desde hacía un tiempo debido al Alzheimer.

Mientras le curaba, le pregunté si ella se alarmaría  si él llegara tarde esa mañana.

No, me dijo, ella ya no sabe quién soy. Hace cinco años que no me reconoce.

Entonces le pregunté extrañado, ¿Y si ya no sabe quién eres, por qué tienes que estar con ella todas las mañanas?

Me sonrió, y dándome una palmadita, me dijo: -“Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella”.

Entonces pensé: -Esa es la clase de amor que quiero para mi vida. El verdadero amor, no se reduce a lo físico ó romántico, es la aceptación de todo lo que el otro es,

de lo que ha sido,

de lo que será, …

y de lo que ya nunca podrá ser”.

20May/15

Encuesta de ideas previas a los novios

Contestan cada pareja en la misma hoja (hay dos columnas iguales.

NOVIA NOVIO
¿Qué expectativas tenéis con la celebración de este sacramento? Para responder a esta pregunta indicadnos con una “x” las siguientes cuestiones, novia y novio separadamente.
Nos casamos por la Iglesia porque…
q  Siempre ha sido así q  Siempre ha sido así
q  Para que no se enfade la familia q  Para que no se enfade la familia
q  Es más vistoso hacerlo en la Iglesia q  Es más vistoso hacerlo en la Iglesia
q  Creo que Dios tiene algo que ver con mi amor q  Creo que Dios tiene algo que ver con mi amor
q  Quiero formar una familia cristiana q  Quiero formar una familia cristiana

 

¿Quiénes deberían casarse por la Iglesia?
q  Todo el que quiera q  Todo el que quiera
q  Los católicos practicantes q  Los católicos practicantes
q  Cualquier bautizado, aunque no sea practicante q  Cualquier bautizado, aunque no sea practicante
¿Puede uno/a casarse por la Iglesia sin fe, por costumbre o presiones familiares?
SI  /  NO SI  /  NO
Estas cosas de la Religión y de la Iglesia nunca me acaban de convencer.
q  Muy de acuerdo q  Muy de acuerdo
q  Bastante de acuerdo q  Bastante de acuerdo
q  Poco de acuerdo q  Poco de acuerdo
q  En desacuerdo q  En desacuerdo
No somos muy practicantes de la religión y ya sabemos que pedimos algo en lo que no creemos mucho, pero…
q  Muy de acuerdo q  Muy de acuerdo
q  Bastante de acuerdo q  Bastante de acuerdo
q  Poco de acuerdo q  Poco de acuerdo
q  En desacuerdo q  En desacuerdo
Eres:
q  Católico practicante q  Católico practicante
q  Católico no practicante q  Católico no practicante
q  Creo en un Dios sin más q  Creo en un Dios sin más
q  Indiferente, agnóstico q  Indiferente, agnóstico
q  No creyente q  No creyente
q  Pertenezco a otra religión q  Pertenezco a otra religión
Después del matrimonio: (marca una o varias X)
q  Cada familia hace su propio desarrollo religioso q  Cada familia hace su propio desarrollo religioso
q  Tendría que haber encuentros periódicos de los matrimonios con algún catequista q  Tendría que haber encuentros periódicos de los matrimonios con algún catequista
q  Propondría…  q  Propondría…
20May/15

Opiniones sobre la Iglesia. El sacramento del Vaso

 

RECOGEMOS OPINIONES PARA EL ENCUENTRO DE HOY…
1. En los lugares donde te mueves¿qué piensa la gente que es la Iglesia?.

 

2. ¿Cuáles son las mayores virtudes y

defectos que la gente piensa que tiene la Iglesia?.

 

3. Tu, ¿te sientes miembro de la Iglesia?,

razona tu respuesta.

 

4. Según tu opinión ¿Jesús y la Iglesia

se relacionan de alguna forma?.

 

5. ¿Tiene algo que ver  tu matrimonio y   la Iglesia?.

 

2. “EL SACRAMENTO DEL VASO”.
EL SACRAMENO DEL VASO

Había una vez un vaso del aluminio, de aquél antiguo, bueno y brillante. El mango estaba roto, pero le daba un aire rústico. En él bebieron los 11 hijos, de pequeños a grandes. Acompañó a la familia en sus muchas mudanzas. Del campo a la villa; de la villa a la ciudad, de la ciudad a la capital. Hubo nacimientos. Hubo muertes.

El vaso había participado en todo, siempre estuvo al lado y hoy sigue tan brillante como al principio aunque con ese toque rústico que le caracteriza.

Cada vez que se bebe por él, no se bebe sólo agua sino la historia familiar. Puede beberse cualquier agua. En este vaso siempre será buena y fresca. En casa, todos los que quieren matar la sed beben por él y como de un rito se tratase dicen: -¡qué bien se bebe en este vaso!… Y en realidad se trata de agua. Ya sabemos que aparece en los periódicos muchas veces como agua “mal tratada”…”llega del río contaminado”…”está llena de cloro”. Pero gracias al vaso, el agua se convierte en buena, saludable, fresca y dulce.

L. Boff, Los sacramentos de la vida.

El sacramento es un encuentro; en la raíz del sacramento está siempre una historia que comienza.¿Por qué el agua de nuestro vaso es buena, dulce, saludable y fresca? Porque el vaso la transforma; el vaso da al agua bondad, frescor, familiaridad, salud. El vaso es un sacramento.
Haciendo una comparación, el vaso de nuestra historia, visto por fuera, es como los demás, no dice nada en particular, incluso muchas veces es feo y viejo, pero para el que cuenta la historia, la suya propia, ese vaso de su historia es único en el mundo, digno de ser recordado y contado. Ese vaso habla de la infancia, habla de la historia de la familia, habla de amor. Esta es la visión interior del vaso, su relación con los demás, con los que se convirtió en un sacramento familiar.Cuando contemplo algo desde dentro, o desde lo que implica, no miro solo su valor –seguramente el valor de nuestro vaso en el mercado sería ridículo- sino el sentido que tiene para mí y los míos. El vaso, el anillo con el que nos casamos, el bautismo de nuestros hijos… son sacramentos humanos. Son sacramentos de la vida.
EJERCICIO 3: “LO QUE ES Y LO QUE QUIERE DECIR…”
OBJETO-GESTO  ¿QUE ES?… ¿QUE QUIERE DECIR?…
EL AGUA 
  • Líquido elemento.
  • H2O.
limpieza, sed-vida, salvar del fuego…

BESO 
RAMO DE FLORES 
UNA CRUZ 
UNA VELA ENCENDIDA 
MANO ABIERTA 
UNA SONRISA 
UNA TELA BLANCA 
UN ANILLO–ALIANZA-

 

UN ABRAZO