Don Renzo Bonetti de «Famiglia Dono Grande»: «Sin la familia no se entiende la Iglesia»
«A menudo culpamos al ‘mundo’, pero rara vez nos preguntamos si nosotros como Iglesia hemos sido capaces de enseñar la belleza de la realidad de la pareja y de la sexualidad.» Estas eran las palabras de Don Renzo Bonetti, presidente de la Fundación «Famiglia dono grande», consultor del Pontificio Consejo para la Familia.

Según las estadísticas, desde 1963 hemos perdido cerca de 6.000 matrimonios religiosos al año, y si seguimos así dentro de unos 15 años ya no habrá más matrimonios religiosos. Sin embargo, declaró don Bonetti en una entrevista con «La Bussola quotidiana», «los obispos italianos, en un documento de 1975, propusieron una revisión a fondo de los cursos de preparación para el matrimonio y elogiaban el sacramento como una fuente de belleza, de santificación, de compromiso pastoral. Si en esa época ya se planteaba el tema como un desafío, debemos señalar desgraciadamente, que hoy, 40 años más tarde, aún, se siguen proponiendo más o menos los mismos cursos. Tal vez no hemos sido capaces de ahondar lo suficiente aquellas intuiciones. Tal vez porque estamos demasiado ocupados con otras cosas. Pero, al hacerlo, no hemos sido capaces de dar prioridad a la familia, y ahora que se nos priva de ella nos damos cuenta que no podemos permitirlo, porque la Iglesia no se puede entender sin la familia», dijo Don Bonetti, uno de los firmantes del «Commitment to marriage», la carta que algunas personalidades de varias naciones firmaron, dirigiéndose a los padres sinodales antes del Sínodo del pasado mes de octubre.
«De los nueve puntos que figuran en aquella carta – recuerda – creo que es vital para el futuro lo relacionado con la formación de los sacerdotes, no sólo en referencia a las homilías, sino en la forma de acompañar a los esposos. Necesitamos sacerdotes que hagan de guía espiritual para los esposos, que preparen a los novios acompañándoles hasta el sacramento. Necesitamos sacerdotes que sepan que su sacramento no es un sacramento ‘solitario’ para la Iglesia y para el mundo, al contrario es un sacramento que debe ser vivido en comunión con otro sacramento, el del matrimonio».