Amarse y comprometerse

OBJETIVOS:
– Conocer el significado de la palabra “amor”
– Acercarnos a la realidad del comprometerse en pareja
– Ser conscientes de la importancia de una buena comunicación en la relación conyugal
– Analizar los pros y los contras de lo que va a suponer el día a día de los cónyugues tras el matrimonio

Amar es comprometerse, parece una frase contundente cuando la dices en alto, pero es así. Cuando nos comprometemos adquirimos un acuerdo, es decir, apoyamos incondicionalmente la elección que hemos escogido. En cuanto a lo que significa “amar” no es posible que nos surjan muchas dudas. Cuando amamos, hacemos una serie de acciones que implican este sentimiento, cuidamos, acompañamos, prometemos, atendemos y ayudamos. Con todo esto, a las personas les gusta amar a los que ya conocen y a los que están por conocer. Las personas están en continua búsqueda de ese alguien que pretenden sea su compañera o compañero de futuro. Crecer juntos en el amor es consolidarse y crecer en unión.

Pero el amor auténtico, existe si también existe un compromiso voluntario y sincero. Porque cuando uno ama lo da todo, pero también espera recibirlo todo.
Un verdadero compromiso exige responsabilidad y fidelidad por ambas partes. Y esta cuestión implica trabajo y sacrificio diario. Hay que cuidar ese amor diariamente y enriquecerlo con pequeños detalles que aparentemente no dicen nada si no se les busca un significado de entrega y cuidado.

Hoy en día, resulta fácil a cualquier pareja deshacer el compromiso acordado, la sociedad nos ofrece tantas posibilidades que a veces, pensar en un compromiso con la misma persona para siempre puede resultar aburrido y tedioso. ¿Por qué voy a vivir con este chico o esta chica para siempre si puedo tener más oportunidades nada más salir a la calle?. Por eso resulta tan importante elegir bien a la otra persona, conocerla a fondo, dedicarle tiempo y comprobar que entre ambos se comparten ideas y sentimientos. Aquí entra en juego la comunicación además de otros factores.

Recientemente, leí un libro de Enrique Rojas, conocido catedrático de psiquiatría y psicología médica, en el que se daban siete consejos para las parejas que están a punto de casarse y que me parecieron realistas y acertadas para el día a día que nos ha tocado vivir. El primer consejo:

  1. No divinizar el amor: Incide en la idea de que a la vez que el amor es algo divino, idealizado sobre todo por la gente joven que se deja influenciar por las modas y las canciones románticas, también el amor tiene su parte humana. Esa vertiente es la que nos mantiene con los pies en la tierra y nos dice que el amor debe ser cuidado con esmero. Se idealiza tanto el amor en los comienzos que cuando llega la experiencia real muchos se desilusionan pensando en las dificultades que encuentran en su camino. El amor de la pareja es algo real y por supuesto es algo grandioso, pero para que funcione hay que cuidarlo y mimarlo para que crezca en el tiempo.
  2. No valorar en exceso a la otra persona y depender de ella incondicionalmente: Al comienzo de la relación y al principio del enamoramiento es fácil admirar ciegamente a la otra persona, pero cuando va pasando el tiempo, se empieza a ver al otro como realmente es, captando así sus virtudes pero también sus defectos. Esto sucederá poco a poco, pero sucederá. Entonces, se podrán analizar los motivos que llevaron al enamoramiento, las circunstancias que se dieron y cómo fue la secuencia de los hechos. Hay que evitar perder la cabeza por la otra persona, pues si ese punto de vista no se corrige tarde o temprano esa relación podría entrar en una vivencia difícil, dolorosa o incluso conflictiva.
  3. Pensar que con estar enamorado es suficiente para que el amor funcione y dure es un error: Hay que alimentar el amor día a día con pequeños detalles, no permitir que se apague la llama que lo encendió. . El hecho de cuidar los detalles pequeños va convirtiendo el amor en algo sólido, fuerte, firme y bien asentado. Hagámonos a la idea de que lo cotidiano no es algo banal, no insignificante, ni debe descuidarse.
  4. La vida conyugal necesita ir aprendiendo sucesivamente: Nadie tiene una información total de los miles de matices que se dan en el territorio amoroso de cualquier pareja. Se necesitan años para conseguir una total compenetración y comprensión uno del otro. Para conocerse realmente hay que armonizar el amor en todas sus dimensiones: el aspecto sexual, psicológico, espiritual y cultural…. Para crecer juntos en armonía habrá también que gestionar correctamente la relación con las familias políticas, la economía de la casa, el tiempo de ocio, el tiempo especial para los dos…
  5. Hay que ser consciente de que se puede tener alguna crisis de pareja: Incluso en los matrimonios más estables y positivos sucede esto alguna vez, y pasa simple y llanamente, sin más porque es compleja la convivencia más cercana. Por eso resulta esencial haber tenido una completa y sólida educación en el amor. Saber manejar factores como la afectividad, la inteligencia, la voluntad y la espiritualidad adecuadamente. La cultura también resulta esencial en estos casos para poder interpretar positivamente estos sucesos del entorno y los acontecimientos personales.
  6. Ser conscientes de que el amor maduro es un logro que tarda en llegar: Cuando dos personas se convierten en una, no dejan de ser dos. Esto es lo grandioso que tiene el amor. En la unión de dos, cada uno sigue manteniendo su propia individualidad. No hay que tratar de cambiar al otro o hacerlo como a uno le gustaría que fuera, sino que debería respetar su libertad y personalidad. En este camino, es donde damos mucha importancia al diálogo y al respeto. Hay que buscar acuerdos en los que ambos tengan la inteligencia y la habilidad de ceder un poco en su pretensión de llevar la razón. El amor maduro está hecho de decisión , voluntad e inteligencia en otros factores. Para ello, es necesario trabajarlo con constancia y cariño para conseguir un perfecto equilibrio.
  7. El amor verdadero consiste más en dar que en recibir: Cuando uno está descubriendo el amor, quiere dar la mejor versión de sí mismo y buscar cómo agradar al otro, pero según va pasando el tiempo esto se desdibuja y pierde fuerza y es entonces cuando llega la rutina en mayor o menor medida. Existe una idea equivocada que consiste en pensar que dar es renunciar o privarse de algo cuando eso, en realidad no es así. Cuando se da es cuando se percibe la fuerza de uno mismo, la riqueza interior o el dominio de la propia persona. Y no se hace como una obligación impuesta sino como una aspiración grande y noble.

Tras todo lo anterior nos queda la gran pregunta en el aire ¿Qué es amar?. Amar es un don recíproco, una realidad natural vivida desde los orígenes de la humanidad, que está encaminada a la plenitud de la persona. El amor verdadero, eleva, perfecciona y hace más humano a quien lo vive.