Parentalidad Positiva y Paternidad Responsable

OBJETIVOS:
– Aprender las diferencias entre Parentalidad Positiva y Paternidad Responsable
– Conocer las bases de la parentalidad positiva
– Saber en qué consiste la paternidad y la maternidad responsable

¿ Que es la parentalidad positiva?

Es una manera de entender la crianza y la educación. Está basada en el respecto a las necesidades de los niños y niñas y en la puesta en marcha de acciones que favorezcan su desarrollo, como pueden ser el fortalecimiento del apego, la interacción a través del juego, la comunicación sin exposición al conflicto…, teniendo en cuenta el entorno de cada familia y las habilidades de los padres y/o madres.

Los buenos tratos a niñas y niños favorecen un desarrollo y un bienestar adecuados. Para ello, los y las profesionales deben transmitir a las familias las necesidades infantiles de atención, respeto, educación, normatividad y afecto. Esto permitirá que los niños y las niñas puedan desarrollarse como personas con una buena autoestima, lo que les hará crecer de forma sana y feliz en sociedad.

Los datos de investigación científica obtenidos en las últimas décadas, avalan la significativa influencia que el contexto familiar ejerce en el desarrollo psicológico de las personas; la psicología y otras ciencias sociales y de la salud han identificado los mecanismos de esa influencia y, sobre todo, han mostrado cuáles son aquellas variables que resultan claves para potenciar desde la familia la felicidad y la salud mental de sus integrantes. El objetivo último de este espacio es que las familias se apropien de manera eficaz, a través de los profesionales, de toda esa información que les pueda ayudar a potenciar un saludable desarrollo psicológico de sus hijos e hijas.

Actualmente vivimos en un momento histórico complejo, en el que los referentes tradicionales para la crianza de hijos e hijas han perdido su antigua influencia y las instituciones asumen funciones que antes eran patrimonio casi exclusivo de las familias. Estamos en la época de la educación social, en la que las administraciones desarrollan políticas para educar a sus ciudadanos y ciudadanas; una de esas políticas es habilitar a las familias en la práctica de la Parentalidad Positiva. Diversos estudios muestran la rentabilidad en términos económicos de las políticas preventivas dirigidas a las familias que cristalizan en ahorro generado para los sistemas de salud, judicial, educativo y otros.

Publicado: http://www.gizartelan.ejgv.euskadi.eus/

En un informe publicado por “Save the Children” estos son los 10 principios SOBRE PARENTALIDAD POSITIVA Y BUEN TRATO:

  1. LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS TIENEN DERECHO AL CUIDADO Y GUÍA APROPIADOS. Para que un niño o una niña pueda desarrollarse adecuadamente necesita cuidados físicos, afectivos, pautas de comportamiento y normas que les hagan sentirse queridos, protegidos y seguros. (Artículo 5 de la Convención sobre los derechos del niño de Naciones Unidas)
  2. LA PARENTALIDAD POSITIVA SE BASA EN: CONOCER, PROTEGER Y DIALOGAR. La parentalidad positiva exige paciencia y esfuerzo. Está basada en tres premisas: 1. Conocer y entender a los niños y las niñas: cómo sienten, piensan y reaccionan según su etapa de desarrollo 2. Ofrecer seguridad y estabilidad: los niños y las niñas tienen que confiar en sus padres, sentirse protegidos y guiados 3. Optar por la resolución de los problemas de manera positiva: sin recurrir a castigos físicos, gritos, amenazas o insultos.
  3. EL VÍNCULO AFECTIVO ES DETERMINANTE. Los vínculos afectivos son lazos invisibles pero de gran intensidad emocional que se crean entre el niño o la niña y sus padres o cuidadores, desde el momento mismo del nacimiento. Definen la relación entre ambos y tienen una influencia decisiva en el desarrollo de los niños y las niñas, en su personalidad y su autoestima. Es ese vínculo el que proporciona al niño o a la niña seguridad.
  4. EL AFECTO DEBE DEMOSTRARSE ABIERTAMENTE PARA QUE LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS SE SIENTAN QUERIDOS. Los niños y las niñas no dan por hecho que son queridos, necesitan verlo y sentirlo para sentirse seguros. Las demostraciones expresas de amor son importantes: besos, abrazos, halagos, sonrisas. No hay nada más gratificante para un niño o una niña que sentir que es importante para sus padres y que estos están orgullos de él o ella. El afecto se manifiesta también mostrando interés por lo que los niños y las niñas sienten y piensan, dedicándoles tiempo.
  5. LAS NORMAS Y LÍMITES SON IMPORTANTES: LES DAN SEGURIDAD. Las normas y límites son tan necesarias para el desarrollo emocional, cognitivo y social como el afecto. El niño y la niña necesita un entorno predecible y saber qué esperan de él o ella sus padres, les aporta seguridad. Las normas deben ser claras, sencillas y estables, y servir para facilitar la convivencia familiar y la vida en sociedad. Es necesario que se acompañen de una explicación coherente, que el niño o la niña pueda comprender: no vale el “porque lo digo yo”.
  6. LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS DEBEN PARTICIPAR EN EL PROCESO DE TOMAR DECISIONES Y SENTIRSE RESPONSABLES. Si se implica a los niños y las niñas en el establecimiento de las normas es más fácil que las comprendan y acepten. Todos los miembros de la familia están más motivados a la hora de cumplir las normas si estas han sido habladas y consensuadas. Se pueden conseguir así decisiones más creativas y que sean percibidas como justas. Los niños y las niñas desarrollan una buena autoestima, confianza en sí mismos y sentido de la responsabilidad. – – – – – –
  7. SE LES PUEDE SANCIONAR CUANDO SE PORTAN MAL, PERO NO DE CUALQUIER FORMA. Cuando los niños y las niñas incumplen una norma o tienen una rabieta, no es porque sean malos o quieran amargarnos la vida. Al igual que nos pasa muchas veces a los adultos, a los niños y las niñas les cuesta controlar sus emociones y tolerar la frustración. Cuando no se respeten las normas y el niño o la niña se exceda en su reacción ante prohibiciones u órdenes (rompan cosas, peguen a otros niños, se tiren al suelo y pataleen), pueden aplicarse sanciones que sirvan para que repare el daño causado o para que entienda que lo que ha hecho no está bien y no debe volver a hacerlo. Las sanciones deben ser proporcionadas y claras, y aplicarse rápidamente y de manera firme, pero tranquila y respetuosa. Las sanciones tienen que mantenerse, por eso deben ser proporcionadas, ser realistas y no durar demasiado tiempo.
  8. EL CACHETE, EL INSULTO, LA AMENAZA O LOS GRITOS NO SON EFICACES NI ADECUADOS PARA EDUCAR A LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS. ¿Por qué? Porque el niño o la niña aprende que amor y violencia pueden ir de la mano, que cuando alguien me molesta y soy más fuerte puedo ejercer mi poder sobre otro para imponer mi voluntad. Aprende que la inmediatez de la fuerza es más útil a la opción del diálogo y al establecimiento de normas y límites. Cuando se pega a un niño o una niña o se le insulta por algo que ha hecho mal se siente profundamente mal, indefenso y rechazado por sus padres, estas emociones no le permiten recapacitar sobre el motivo por el que se le castiga. La corrección sin violencia, acompañada de una explicación clara, con ejemplos, alternativas y compromisos ayuda al niño o la niña a interiorizar las normas y a respetarlas de manera responsable.
  9. LOS CONFLICTOS PUEDEN RESOLVERSE SIN VIOLENCIA. Los conflictos dentro de las relaciones afectivas pueden estrechar los lazos de esta unión si se resuelven de manera pacífica. Solucionar problemas sin violencia o agresividad, física o verbal, exige un ejercicio de autocrítica, de explorar nuestras motivaciones y de respeto al otro. Requiere desplegar herramientas de comunicación y negociación, como: • La escucha activa. Tratar de entender lo que el otro quiere decirnos (aunque no compartamos su punto de vista). • Ponerse en el lugar del otro: ¿qué siente? Es importante mostrar empatía. • No emplear actitudes agresivas como insultos, reproches, chantajes o amenazas. Extreman las posturas de las personas enfrentadas y crean un clima muy desfavorable. • Negociar salidas al problema, cediendo en algunas cosas y asumiendo compromisos.
  10. Y MUY IMPORTANTE: PARA QUE LOS NIÑOS y las niñas ESTÉN BIEN, LOS PADRES TIENEN QUE ESTAR BIEN. Las madres y los padres deben enfrentarse diariamente a muchas situaciones y reaccionar de manera inmediata, sin pararse a pensar. Algunas situaciones pueden ser fuentes de preocupación, como la educación o la salud de los hijos y las hijas. Es natural sentirse a veces desbordado, triste o frustrado, pero es necesario evitar que este estado se generalice o se alargue en el tiempo. Asumir una maternidad o paternidad responsable y positiva implica también cuidarse a uno mismo, buscar momentos de relax y disfrute personal que proporcionen descanso y fuerza para poder “tirar del carro” de la familia. Así que ya sabes, ¡cuídate y quiérete tú también

¿ Que es la paternidad responsable?

1. La paternidad responsable es un proceso de discernimiento que corresponde a los esposos, de mutuo acuerdo, con generosidad y delante de Dios.

La paternidad o maternidad responsable consiste en utilizar la inteligencia rectamente en la transmisión de la vida. Supone ser consciente de que engendrar una nueva vida no es algo simplemente biológico, sino que implica a los padres en su razón, en su voluntad y en su dimensión espiritual. Supone buscar, de manera consciente y generosa, la voluntad de Dios sobre la dimensión de la propia familia y decidir el modo concreto de realizarla.

Para comprender el pensamiento cristiano en este punto hay que tener en cuenta un principio fundamental: el magisterio de la Iglesia afirma que tener un hijo es un bien, no algo que hay que evitar a priori, y un don, no un derecho. La paternidad responsable consiste sobre todo en la actitud de los esposos hacia ese nuevo hijo: el quid de la cuestión es si ellos son “dueños”, o más bien “administradores” de esa paternidad.

Al plantearse tener un hijo o evitar un nuevo nacimiento, los esposos valoran sus condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales.
 Y al llevar a cabo lo decidido, conocen y respetan las leyes biológicas, dominan su propia tendencia sexual y excluyen la anticoncepción, indica Carlo Caffarra en el Lexicón del Consejo Pontificio para la Familia.

Con la encíclica Humanae Vitae, la Iglesia expresó una postura clara en el año 1968 ante realidades complejas de la primera mitad del siglo XX: se estaban elaborando y aplicando nuevos sistemas de regulación de la natalidad ante la explosión demográfica y el estrés del sistema de vida y de trabajo, surgieron la biogenética y la píldora anovulatoria, se promocionaba el aborto y la liberación femenina que proclamaba la llamada “salud reproductiva”,…

Todavía hoy el concepto de “paternidad responsable” sigue suscitando diversas, e incluso opuestas, interpretaciones, a menudo relacionadas con la supuesta necesidad de reducir los nacimientos y con el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Juan Pablo II aclara que “el verdadero concepto de “paternidad y maternidad responsables” está unido a la regulación de la natalidad honesta desde el punto de vista ético”, es decir, a una actitud basada en la madurez de la persona que subraya la virtud de la templanza.

Fuentes / referencias:
Lexicón. Términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas. Pontificio Consejo para la Familia. Ed. Palabra. Madrid 2004.
Rafael Fernández, La paternidad responsable en la perspectiva del Magisterio de la Iglesia. Ed. Patris.

2. “Paternidad responsable” no es lo mismo que “paternidad planificada”. Los motivos que llevan a espaciar un nacimiento deben ser graves y ponderados.

Conjugar el amor entre los esposos con la responsable transmisión de la vida implica reconocer personalmente ante Dios los propios deberes y actuar no por antojo, sino en conciencia. Así, con criterios objetivos -tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos- que mantienen íntegro el sentido de la entrega mutua y de la procreación humana, pueden decidir si forman una familia numerosa o bien, por graves motivos y respetando la ley moral, evitan tener un hijo, durante algún tiempo o por tiempo indefinido.

Si deciden espaciar los nacimientos de sus hijos, deben asegurarse de que su deseo no nace del egoísmo, sino que es conforme a la justa generosidad de una paternidad responsable. Además, deben cultivar sinceramente la castidad conyugal y respetar los aspectos esenciales de las relaciones sexuales (unitivo y procreador). En ese contexto, es lícito tener en cuenta los ritmos del cuerpo de la mujer y recurrir a los métodos naturales de regulación de la fertilidad, limitando las relaciones sexuales a los periodos infecundos.

Además, al mantener relaciones sexuales, cada uno debe aceptar libremente que podría ser padre o madre, y, si se diera el caso, la concepción imprevista. Karol Wojtyla advierte en su libro Amor y responsabilidad que “si faltara esta disposición, deberían renunciar a las relaciones conyugales”.

Fuentes / referencias:
Encíclica Humanae Vitae
Karol Wojtyla, Amor y Responsabilidad

3. El discernimiento sobre tener un hijo o no debe llevarse a cabo dentro de unos límites morales: no vale cualquier método para limitar los nacimientos.

Utilizar la inteligencia en la transmisión de la vida enriquece la paternidad, siempre que haya una recta voluntad y se respeten las leyes de la naturaleza, establecidas por el Creador. Esto es radicalmente diferente a los anticonceptivos artificiales, con los que se busca imponer la voluntad humana de hacer imposible la procreación.

Servirse legítimamente de una disposición natural es totalmente diferente a impedir el desarrollo de los procesos naturales; es la diferencia entre actuar como administradores de las fuentes de la vida humana y creerse árbitros de ellas.

Sólo en el primer caso, los esposos renuncian conscientemente a las relaciones sexuales en los periodos fecundos y las mantienen en el resto para manifestarse afecto y salvaguardar la fidelidad mutua. Además, el dominio de sí mismo que exige la continencia periódica respeta el cuerpo de los esposos y favorece la educación de una libertad auténtica.

En este contexto, usar medios artificiales como el preservativo, el DIU o la píldora es materialmente contrario al bien de la transmisión de la vida y a la entrega recíproca de los cónyuges, lesiona el verdadero amor y niega el papel soberano de Dios en la transmisión de la vida; hacer voluntariamente infecundo un acto conyugal es quitarle su verdad interior (la unión amorosa y la fecundidad potencial), es deshonesto y sigue siéndolo aun en el conjunto de una vida conyugal fecunda.

Sin embargo, el recurso a los métodos naturales, que en principio son éticamente aceptables, pero realizado de forma egoísta y sin respetar los principios éticos de la paternidad responsable, es también contrario a la voluntad de Dios. La dimensión ética de la decisión de tener un hijo o no es tan fundamental, que sin ella ya no se percibe la diferencia entre los métodos naturales y los artificiales. En ese caso, la interpretación utilitarista de la regulación natural de la fertilidad falsearía su esencia y se llegaría a hablar de ella como si se tratara sólo de una forma más de anticoncepción.

Fuentes / referencias:
Catecismo de la Iglesia Católica, 2331-2400
Catequesis de Juan Pablo II sobre la Teología del Cuerpo

Publicado: www. aleteia.org