Jesús salió y se retiró a la región de
Tiro y Sidón. 22 Entonces una mujer cananea,
saliendo de uno de aquellos lugares,
se puso a gritarle: «Ten compasión
de mí, Señor Hijo de David. Mi hija
tiene un demonio muy malo». 23 Él no le
respondió nada. Entonces los discípulos
se le acercaron a decirle: «Atiéndela,
que viene detrás gritando». 24 Él les contestó:
«Solo he sido enviado a las ovejas
descarriadas de Israel». 25 Ella se acercó
y se postró ante él diciendo: «Señor,
ayúdame». 26 Él le contestó: «No está
bien tomar el pan de los hijos y echárselo
a los perritos». 27 Pero ella repuso:
«Tienes razón, Señor; pero también los
perritos se comen las migajas que caen
de la mesa de los amos».
28 Jesús le respondió: «Mujer, qué
grande es tu fe: que se cumpla lo que
deseas».
En aquel momento quedó curada su
hija.