Nuestra casa es un punto de referencia,
un asidero, un centro de gravedad,
un eje que impide nuestra disolución.
Es refugio frente al mundo y mediación hacia el mundo;
lugar de arraigo y punto de partida;
escuela de amor universal. Un hogar.

Una casa a la medida del hombre,
a la medida del amor humano.
El amor sostiene una casa y la casa sostiene el amor.
Un espacio repleto de de señas de identidad.
Configurada a nuestro estilo,
a nuestra imagen y semejanza,
imprimiendo un sello a los objetos,
una creación personal. Un hogar.

Una casa acogedora, hospitalaria, compartida;
ni abierta de par en par, ni cerrada a cal y canto.
“A quien llega, Dios le traiga;
a quien marcha, con Dios vaya”. Un hogar.

Para hacer de la casa un hogar,
éste debe tener:
los hondos cimientos de la lealtad,
la alcoba de la intimidad asidua,
el refectorio de los obsequios recíprocos,
el zaguán de las bienvenidas y las despedidas,
la solana de los días apacibles,
el resguardo de los días de tormenta,
la galería de los diálogos afectuosos,
la sala de las muestras de respeto,
el granero de la memoria del amor,
el pasadizo de la reconciliación,
la despensa de la paciencia… Un hogar.